LOS BONSAIS

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bon0La palabra Bonsái  – bon = bandeja + sai = naturaleza, es decir, que según la traducción es el arte de cultivar árboles en tamaño reducido y en pequeñas macetas. Su verdadero origen procede de China, de los monjes taoistas, y era objeto de culto para ellos pues creían en la longevidad simbolizada en la manera  en como cultivaban estos árboles.

El cuidado de un  Bonsái  es fácil para cualquiera, siendo el amor por la naturaleza uno de los requisitos necesarios, los demás son los que conlleva el cuidar de cualquiera de las demás plantas. Hemos procurado documentarnos sobre este “arte” y aquí os dejamos algún que otro consejo para el cuidado y cultivo de los Bonsáis, ¡esperamos que disfrutéis!

EL CUIDADO DE LOS BONSAIS

Aún que sean pequeños, siguen siendo árboles, como sus hermanos, que viven en la naturaleza, así que debemos intentar mantenerlos en sitios donde ellos puedan sentirse cómodos. Necesitarán luz del sol y aire. Si os decidís por tenerlos al aire libre en el jardín, tened en cuenta la temporada, si es verano debemos protegerlos del exceso de calor (mejor bajo la sombra de un árbol o planta más grande)  y si es invierno del exceso de frío, pero tan pronto haya pasado el peligro, hay que volverlos a su sitio habitual.

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Dentro de la casa, conviene tenerlos cerca de una ventana, pero alejados de la calefacción o cualquier aparato que irradie calor. Como ya sabemos, no existen plantas de interior, sino plantas que se han adaptado a ese entorno. Los Bonsáis más “fáciles” de cultivar dentro de las casas suelen ser los Ficus, Sageretia, Serisa, Carmona,etc. El riego dependerá de las condiciones de temperatura y tipo de planta. Para saber con exactitud cuando hace falta regar, basta con mirar si por encima en la maceta está la tierra empezando a secarse. También se puede tocar la tierra y notar si le falta humedad. Esta es una regla para cualquier planta, no penséis que los Bonsáis son plantas maniáticas.

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Lo suyo es regar con agua de lluvia o manantiales, pero como no siempre tenemos uno a mano, procurad regar con agua del grifo, pero antes dejarla en reposo para que pierda el exceso de cal, procurad regarlos sólo cuando les haga falta, con una regadera provista de una “alcachofa” de muchos agujeros finos, así imitará   las gotas de la lluvia. La cantidad de veces, como ya hemos dicho, dependerá del lugar donde se encuentre el Bonsái.

En pleno verano, conviene pulverizarlos como si del rocío se tratara. Si es un Bonsái que está dentro de la casa, con que lo hagamos una vez a la semana (sólo si hace mucho calor) y por las tardes.  Los que está en exterior a diario.  Jamás se debe pulverizar un Bonsái en plena canícula.

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Igual que nosotros necesitamos alimentos para vivir, a las plantas les suelen pasar lo mismo.  Las que están en la naturaleza, retiran su alimento del suelo en que viven, los Bonsáis, al vivir en macetas tan pequeñas, suelen agotar sus nutrientes en seguida, en regla general, en primavera y final de verano es cuando más necesitan “alimentarse”, siendo su abonado hecho a cada mes a  lo largo de la temporada.

Pero estamos hablando de Bonsáis, no queremos que crezcan demasiado, así que abonamos a principio de primavera y lo haremos con más énfasis ya cuando esté terminando el verano. Hay abonos específicos para Bonsáis, líquidos y sólidos. Se suelen hacer los abonos al atardecer, no debemos jamás pasarnos con ellos, y hay que respetar siempre la dosis indicada. En los viveros siempre habrá un especialista que os indicará el mejor producto para tu Bonsái. En invierno no es necesario abonar.

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Podar un Bonsái no es tarea difícil, hay que fijarse en las ramas que se cruzan, en las que salen en zonas no deseados en el tronco, esas son las que debemos eliminar. Las podas conviene hacerlas al final de invierno, por ser la época del año en que los árboles están en  reposo y no le saldrán tanta savia por las heridas de la poda. Para eso debemos usar herramientas apropiadas para los cortes. Si el Bonsái es más bien de ramas gruesas y los cortes pierden mucha savia, conviene utilizar pasta selladora, para que cicatricen mejor.

Algunas ramas más finas las quitamos con la técnica del pinzado, que consiste en recortarlas para que crezcan más llenas de hojas, y para que las misma salgan más pequeñas y así poblar más el Bonsái. Lo hacemos a lo largo de la primavera/verano, época en que están más activos y dependiendo del tipo de árbol, lo pinzaremos de distintas manera.  Alambraremos un Bonsái solamente cuando queramos corregir la inclinación de alguna rama. Utilizaremos un alambre de aluminio, de color cobre viejo, especial para este tipo de técnica, el grosor dependerá de la fuerza que necesitaremos para doblar la rama.

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Cuando veamos que la tierra empieza a ponerse demasiado dura y que el agua por si sola no penetra en la maceta y  resbala por sus laterales,  ya es hora de trasplantar el Bonsái, con una tierra apropiada para ello. Sacamos la planta de la maceta, limpiamos bien la raíz, desenredando, y a seguir podando con mucho cuidado. Es vital hacer una buena limpieza, no dejar burbujas de aire en la tierra, así que procurar compactar la tierra en la maceta de la mejor manera posible. No hace falta abonar la planta después  del trasplante, la tierra para Bonsáis ya viene enriquecida con los nutrientes necesarios. El trasplante lo haremos terminado el invierno, que es cuando el árbol empieza a salir de su letargo.

Con estas informaciones os dejamos, el próximo artículo será sobre los prebonsáis.

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